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Geiranger

Empieza lo bueno, el sur de Noruega. Capítulo 2

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Relato de Gemma @gesiisthebike

 

Crónica de un viaje de ida en moto a Cabo Norte. Capítulo 2

 

Por la mañana me desperté con muchas ganas. Como siempre, me lo tomé con calma para empezar a conectar bien con el país, sin prisas. Me gusta decidir un poco la ruta por la mañana, mientras tomo un café, pero sin grandes planes ni etapas concretas. La experiencia me ha ido demostrando que me siento mucho más cómoda cuando viajo sin marcar recorridos específicos.

De este modo, el trayecto y la gente que me cruzo por ahí me van presentando alternativas que sobre el mapa nunca veo. Además, por lo que vi, en Noruega es habitual que por la mañana el cielo esté tapado, así que vale la pena no madrugar sino esperar a que el calor del sol despeje las nubes. 

Para este viaje contaba con las recomendaciones de Roger, un amigo que el año anterior realizó el mismo viaje. Unos días antes de salir compartió su ruta y tomé nota de aquellos sitios que sería más interesante visitar. Así que mi primera etapa consistió en poner rumbo a Lysebotn, un pequeño pueblo al final de un fiordo por el que transitan varios ferrys y cruceros.

Claro está que mi objetivo no era ver ese tráfico sino disfrutar de la carreterita que llega hasta allí, un seguido de curvas que transcurren entre paisajes montañosos y lagos espectaculares. 

Carretera de Lysebotn

Carretera rumbo a Lysebotn. 

Y realmente valió muchísimo la pena. Así que, cómo no podía ser de otra forma, busqué un sitio bonito y tranquilo en el que pasar la noche en ese paraje.

Ahora sí que estaba totalmente metida en el viaje. Lo bueno había empezado. Me sentía muy bien en ruta y el entorno era espectacular. 

Lysebotn noche

Segunda noche en Noruega, en un lugar inmejorable. 

Los días posteriores continué recorriendo carreteras, siguiendo también las recomendaciones que me iban dando otros moteros que me encontraba en ruta.

Me sugirieron evitar las carreteras costeras entre Stavanger y Bergen, puesto que hay mucho tráfico turístico así como controles de velocidad. Hay que tener en cuenta que el límite de velocidad en Noruega no es muy alto, entre 50 y 90 km/h en función de la carretera, y yendo en moto es fácil ir un poco más rápido. Según me explicaron, las multas por exceso de velocidad son muy elevadas (alrededor de 600 €), de modo que es importante tenerlo en cuenta. 

Mi ruta pasó por Haukeli, donde tanto antes como después de este pueblo, la carretera me llevó a través de bonitas montañas y los primeros glaciares a la vista. Los túneles también empezaron a hacerse habituales, algunos de ellos realmente largos, húmedos y oscuros, pero como no siempre había alternativa, se convirtieron en parte del viaje. En otros casos, sin embargo, sí que vale la pena ir a buscar la antigua carretera, como por ejemplo la que conecta Aurlandsvangen y Lærdal, que me permitió disfrutar de un trayecto entre decenas de lagos subiendo por la montaña. 

Haukeli

En algún lugar cerca de Haukeli.

Seguía mi camino rumbo al norte. Las jornadas siguieron llevándome por paisajes espectaculares y tranquilos aunque a veces, como es normal, la ruta transcurrió entre zonas donde se acumulaba más tráfico turístico.

La mayoría de las carreteras eran relativamente estrechas y, cuando coincidían dos autocaravanas o camiones, no pasaban los dos a la vez. Así que paciencia, ¡mucha! Sin embargo, los tramos bonitos siguieron siendo mayoritarios, de modo que a lo largo de esos días disfruté muchísimo de la región, acampando por la noche en spots de ensueño y siempre con un río refrescante al lado. Además, por suerte mía, el tiempo durante esos primeros días en Noruega estaba siendo espectacular. Días despejados, llegando a los 30 grados y sin presencia de lluvias. Inmejorable.

Geiranger

 Otra noche más disfrutando de un spot perfecto donde pasar la noche.

Finalmente, me dirigí a la conocida Trollstigen, una carretera de montaña de esas que ves en las fotos y no puedes dejar de visitar. He de reconocer que las vistas fueron muy bonitas, así que vale la pena visitarla. Sin embargo, también es uno de esos puntos en los que se acumula mucho tráfico turístico, por lo que hay que armarse de paciencia para no desmerecer la ruta.

Quien vaya allí en busca de hacer algunas curvas en moto, que se olvide. En cada curva hay un autocar turístico pasando despacio porque su enorme eje no le permite girar a una velocidad normal.

Esa situación me hizo recordar el viaje del verano anterior, en el que cuando pasé por la conocida carretera Transfăgărășan, en Rumanía, los centenares de coches literalmente parados en cualquier punto de la carretera hicieron que lo que tenía que ser una carretera de ensueño fuese realmente un trayecto bonito pero en retención continua. Entonces, en la Trollstigen, sí que me quedó claro que si se quiere disfrutar de este tipo de carreteras, vale la pena organizarse un poco y pasar temprano por esos puntos, antes de la hora punta turística. Y si lo tuyo no es madrugar, como en mi caso, solo te queda la paciencia.

Gemma (IG: @gesiisthebike)

Siguiente relato: Capítulo 3

 

 


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