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AV Castellana. Madrid

Madrid confinada

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Artículo cedido por  José Mª Alegre

Coronavirus. Covid 19

Mi profesión, periodista, me permite ir por Madrid plasmando fotográficamente las calles desiertas de la ciudad siendo testigo y portador ante los lectores de QuintaMarcha.com del estado inerte de la ciudad que tanto amo a consecuencia de la alarma general decretada por el Gobierno que tiene a sus moradores confinados en sus casas por el Covid-19. Un hecho histórico vivido por primera vez por todos y que ojalá no se repita.

CTRA LA CORU√ĎA

Me subo a mi moto y pongo rumbo a Madrid por la A-6, autov√≠a que debo tomar para ir a la capital al vivir a las afueras. Es la primera vez que salgo de casa desde el 15 de marzo para ir m√°s all√° de la panader√≠a y el quiosco de prensa que est√°n en los alrededores de m√≠ calle. Son las 8:45 h y no hay nadie por la carretera, una de las m√°s transitadas del extrarradio madrile√Īo, donde no hay ma√Īana, tarde o noche en la que el colapso no sea su raz√≥n de ser.

LA GRAN V√ćA Y CALLAO AL FONDO

El Corte Inglés, el pulso del país

Entro a la ciudad por la calle Princesa y me paro frente al cerrado El Corte Ingl√©s, referencia entre los grandes almacenes (de hecho, es el √ļnico‚Ķ). Alguien me dijo cuando la crisis de 2008 que si la empresa fundada en 1940 por Ram√≥n Areces (que conoc√≠ en un chiringuito playero marbell√≠, de nombre Marisa, al que el insigne y discreto personaje acud√≠a a comer todos los d√≠as de agosto vistiendo con ropa que parec√≠a sacada de la planta de oportunidades de su negocio y que se desplazada en un Seat 124, con ch√≥fer y dos ‚Äėseguratas‚Äô -eran los tiempos duros del terrorismo, esa otra ‚Äėpandemia‚Äô que sufrimos los espa√Īoles durante d√©cadas-, teniendo un espl√©ndido Rolls Royce en el garaje) cerraba, significar√≠a que el pa√≠s estaba en la bancarrota. Lo segundo, todav√≠a no ha ocurrido (no lo deseo), y el cierre del primero, tampoco -afortunadamente-, pero s√≠ chapado (salvo los super de sus centros, que abren diariamente) por obra y desgracia del Covid-19, al igual que todos los negocios del pa√≠s (a excepci√≥n de farmacias, alimentaci√≥n y pocos m√°s).

EL CORTE INGLES DE PRINCESA

Ver tan colosal edificio ubicado en el barrio de Arguelles con las persianas echadas, me produce escalofr√≠os, sensaci√≥n que se repite conforme me adentro por las calles y avenidas madrile√Īas, comprobando que ahora es una ciudad fantasma. Es cierto que esa imagen repetida al doblar cada esquina, la ausencia de personas, la falta de vida se puede asemejar al vac√≠o callejero que se produce en la final de un partido de f√ļtbol, por ejemplo, o, en menor medida, al de un domingo de agosto. Pero lo que me causa un total estremecimiento es saber que la pe√Īa no disfruta de espect√°culo alguno, ni se ha ido de ‚Äėvacas‚Äô, sino que est√° metida en sus casas por orden gubernativa sin poder salir para evitar el contagio de un virus que mata, el Covid-19 (ya llevamos m√°s de 20.000 fallecidos en toda Espa√Īa, el pa√≠s con m√°s muertos del mundo por mill√≥n de habitantes, y casi 200.000 infectados. ¬ŅRecord√°is cuando nos dec√≠an que no era m√°s que una gripe‚Ķ?).

LAS TORRES Y EL COCHE DE LA MUNICIPAL

Trece veces requerido por la policía

Hay muy pocos autom√≥viles particulares por las calles, con mayor√≠a de veh√≠culos p√ļblicos como autobuses, ambulancias, con sirena y sin ‚Äėaullar‚Äô, y muchos coches de la Polic√≠a Municipal y Nacional, tanto visibles como camuflados, que, hasta el momento, no me han parado para pedirme explicaciones.

Me detengo en la Gran V√≠a, la avenida m√°s famosa de esta ciudad que me acogi√≥ en 1985, para fotografiar su soledad, coincidiendo con otro colega. Ambos hemos elegido el mismo punto del 1,3 kil√≥metros que mide esta v√≠a, que ya es casualidad. En ese momento, se detiene a nuestra altura un veh√≠culo de la Nacional solicit√°ndome el conductor, con total correcci√≥n, que me identifique. ‚ÄúSoy periodista‚ÄĚ, le digo con una sonrisa. √Čste, sin mascarilla, pero con guantes de ‚Äėmani‚Äô 8-M, al igual que su compa√Īero, se baja y a una distancia prudencial (superior a los dos metros), me pide que le muestre el carnet de prensa. Lo hago, estirando el brazo para que lo pueda leer sin acercarse, d√°ndose por satisfecho e invit√°ndome amablemente a que prosiga con mi labor. Lo mismo hace con el colega desconocido, obrando de igual forma y siguiendo ambos nuestro camino, cada uno por su lado. As√≠ ocurrir√°, la petici√≥n de identificaci√≥n por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, hasta en trece ocasiones, no pareci√©ndome mal (todo lo contrario que a mediados de los setenta, cuando los ‚Äėgrises‚Äô me paraban por las calles de Barcelona, donde viv√≠a entonces, para exigirme el DNI por el simple hecho de llevar el pelo largo), pues cumplen con su trabajo, y debo decir que en todas esas 12+1 veces (como dir√≠a el desaparecido y a√Īorado campe√≥n), lo hicieron con respeto y buenos modales, lo cual es de agradecer.¬†

LA GRAN V√ćA

He dejado aparcada a mi apreciada BMW F 700 GS cerca de Callao. Desde esta plaza, hago una foto de la bajada que desemboca en la de Espa√Īa, con la elegante torre de Madrid al fondo -con sus 142 metros de altura, fue el primer rascacielos en Espa√Īa-, igualmente sin veh√≠culos.

LA TORRE DE MADRID

Me acerco hasta la Puerta del Sol, donde hay varias dotaciones de la Nacional y Municipal. Muestro de nuevo mi credencial ante el pertinente requerimiento policial y fotograf√≠o la soledad de esta plaza donde se encuentra la sede de la Comunidad (por cierto, ¬°que horrible es la entrada del Metro con esa ‚Äėboca‚Äô de ballena, ‚Äėlomo‚Äô incluido!-. Paseante fijo de esos lares, pues me encantan, estando siempre abarrotado de gente, me choca verlo todo en silencio y en soledad.

LA POSADA DE LOS PEINES

Pero me impresiona m√°s todav√≠a caminar en direcci√≥n a la plaza Mayor por las estrechas calles de Esparteros, Postas y Sal, hasta desembocar en ella. La ausencia de ruido es sobrecogedor; mires d√≥nde mires todo est√° cerrado, no hay nadie, ni movimiento de persona alguna, la falta de vida es total, ¬°quiero el Madrid de antes! Aunque reconozco que ‚Äėpasearla‚Äô en estas circunstancias es un privilegio.

Paso frente a la Posada de los Peines, establecimiento que data de 1610 ubicado en una preciosidad de edificio. Considerada como una de las posadas m√°s antiguas de Espa√Īa, su primer propietario fue Juan Posada (¬°obvio!), hasta que los hermanos Espino la adquirieron en 1796. Cada vez que camino (la calle es peatonal) frente a su fachada, ‚Äėt√©ngome‚Äô dicho que no debo quedarme con las ganas de pasar una noche en ella.

ARCO DE LA PLAZA MAYOR

El balcón, pulmón de los confinados

Antes de llegar a la Plaza Mayor, se detiene un coche de la Municipal (¬Ņel tercero en hacerlo?) que viene a toda ‚Äėleche‚Äô, pregunt√°ndome lo de siempre. A ambos ‚Äėpolis‚Äô les digo, con una sonrisa, lo que soy desde hace 42 a√Īos, declinando que les muestre el carnet (¬°por fin alguien me cree! Lo contar√© en casa‚Ķ). Adem√°s, me informan de que en media hora, tanto ellos como los de la Nacional, har√°n una formaci√≥n en Sol en homenaje a las v√≠ctimas del Covid-19. ‚Äú¬°All√≠ estar√©!‚ÄĚ, les aseguro, y all√≠ estoy media hora despu√©s.

En la plaza Mayor, uno de los mayores ‚Äėdormitorios‚Äô de indigentes de la ciudad, siguen ah√≠ los ‚Äúsin techo‚ÄĚ y no son pocos. Prosigo mi ruta por la Casa de la Carnicer√≠a, bajando por la calle de Toledo, donde me detengo para fotografiar esos reductos de libertad en los que se han convertido los balcones. En este caso, una joven que disfruta de la preciosa ma√Īana escrutando el m√≥vil. Giro por Latoneros donde una se√Īora cuida, espray en mano (cuyas pulverizaciones llegan hasta mi cara), sus plantas ‚Äėbalconiles‚ÄĚ. Tiro hacia arriba por Cuchilleros y al girar, una mujer joven, sentada sobre unos cojines con su perro encima de sus piernas, est√° tomando un caf√© en el balc√≥n, espacio min√ļsculo que resulta un pulm√≥n para los confinados, una bocanada de aire fresco ante tanto encierro. Le pido permiso (a ella, que no al perro) para fotografiar la escena, concedi√©ndomelo con gran cordialidad.

Subo en busca de la moto y me encuentro con un grupo de irreductibles, n√≥madas de los que piden y, algunos, ‚Äėmangan‚Äô, deambulando por las calles a sus anchas sin que autoridad alguna repare en ellos. Antes de subir de nuevo por Callao, plasmo el acto policial en Sol anunciado por los municipales antes de llegar a la Plaza Mayor. Ceremonia realizada con gran solemnidad y respeto. Lo que no hace el Gobierno, mostrar duelo por las v√≠ctimas de la pandemia que sufrimos, lo hacen las fuerzas del orden a instancias de la Comunidad -supongo-, puesto que la parada se realiza frente al edifico de √©sta. Tambi√©n reflejo la cola para acceder al super de El Corte Ingl√©s, √ļnico departamento de la empresa del ‚Äėbander√≠n‚Äô abierto estos d√≠as de pandemia, como cito al principio, guardando la gente disciplinadamente los dos metros incluso m√°s, de seguridad.

El hotel Palace cerrado, ¡qué ruina! 

De nuevo en la Gran V√≠a, un mensajero en bici, de los muchos que circulan por la ciudad (est√°n autorizados a hacerlo), me pide si puedo mandarle la foto que le acabo de hacer al cruzarse con mi focal. La conversaci√≥n la escuchan tres ‚Äėpolis‚Äô de la ‚Äėsecreta‚Äô que acaban de detener el veh√≠culo camuflado en el que circulan bajando las ventanillas, llevando mascarilla los tres. Quieren saber lo que estamos ‚Äėcociendo‚Äô el ‚Äėmensaka‚Äô, por nombre Richard, sudamericano, y el abajo firmante. Se lo cuento elevando la voz por estar a unos quince metros de m√≠ y d√°ndose por complacidos reinician la marcha sin mediar palabra en busca de mejor objetivo. Por cierto, Richard, todav√≠a estoy esperando que te pongas en contacto conmigo para enviarte la foto.¬†

HOTEL PLAZA

Me subo a la moto y pongo rumbo a la Carrera de San Jer√≥nimo, donde est√° la sede de los ‚Äúpadres de la patria‚ÄĚ (?). Me cruzo con dos ‚Äėpolis‚Äô que estaban en Sol, me reconocen y saludan, y una vez fotograf√≠o lo m√°s fiable de esa casa, los leones, me acerco al que para m√≠ es el hotel con m√°s clase de Madrid, el Palace, toda una instituci√≥n que abri√≥ sus puertas en 1912, siendo entonces el m√°s grande de Europa. Verlo cerrado me produce una gran inquietud, tal vez porque me sit√ļa ante la gravedad de los hechos que estamos viviendo. Yo, que he estado en su interior en muchas ocasiones, paseando por el denominado ‚ÄúJard√≠n de invierno‚ÄĚ, con su c√ļpula vitral, una aut√©ntica joya, donde he cenado, he tomado alg√ļn que otro gint√≥nic en compa√Ī√≠a o, simplemente, lo he mostrado a mis visitas, contemplarlo con el cierre echado me alucina, ¬°qu√© ruina!

RAIMUNDO FDEZ VILLAVERDE

Vuelvo a lomos de mi moto y prosigo mi camino, y all√° d√≥nde voy, se repite el escenario: desierto, porque la pe√Īa no est√° fuera, est√° dentro, en sus casas, recluida, confinada, encerrada, arrestada. Serrano, Puerta de Alcal√°, Vel√°zquez, G√©nova, Castellana, Raimundo Fern√°ndez Villaverde, incluso la M-30 y M-40, calles y avenidas desocupadas, libres, despejadas, deshabitadas, porque no hay ni dios. Solo lo ya mentado, coches, autobuses, ciclistas y motos tambi√©n, a√Īadiendo paseantes con perro. Sin duda, esta es una experiencia que no olvidaremos, pues es seguro que nos cambiar√° la vida, las relaciones personales y laborales, adem√°s de agujerear nuestros bolsillos ¬°y de qu√© manera!

LA MOTO EN SERRANO

Pero no quiero ir más allá, mi cometido es el de dejar constancia del estado de Madrid, mi ciudad, la capital, ante esta pandemia que nos ha robado nuestra vida diaria y nos sustraerá cada jornada que permanezcamos privados de libertad, días que nunca nos serán devueltos.

Los ni√Īos ‚Äúno joden con la pelota‚Ä̬†

En la blanca y esbelta Torre Picasso, la construcci√≥n m√°s alta de Madrid y de Espa√Īa hasta que otras la superaron, me detengo para plasmarla. Emplazada en Azca, complejo empresarial y comercial enclavado en la parte alta de la Castellana, sus alrededores cuentan con un parque en el que hay un recinto para los m√°s peques, ahora vac√≠o, sin ni√Īos que ‚Äúno joden con la pelota‚ÄĚ, sin su vocer√≠o y algarab√≠a, sin su alegr√≠a y entusiasmo.

IFEMA

No quiero cerrar el reportaje sin pasarme por Ifema, donde está instalado el macro hospital provisional que, con sus cerca de 35.000 m2 de superficie, se ha convertido en el más grande de nuestro país, pudiendo albergar hasta cinco mil camas y superar el centenar de puestos UCI. A sus puertas, el trajín de ambulancias es constante. Un recinto de vida y esperanza para ganar la batalla al Covid-19 y devolver a la normalidad de sus quehaceres a todas las personas que la han visto alterada por el maldito virus. Otros, en cambio, han tenido peor suerte.

Arranco la moto y me retiro a mi confinamiento. He pasado unas horas en Madrid tratando de dejar constancia de c√≥mo nos cambia la vida de un d√≠a para otro. De c√≥mo pasamos de una actividad fren√©tica, de tener proyectos, ilusiones, sue√Īos, a paralizarlo todo hasta no se sabe cu√°ndo. Aqu√≠ dejo mis fotos, testigos mudos de la vida, de sus circunstancias y del caprichoso destino.

PUERTA DE ALCALA

Por José Mª Alegre (texto y fotos)

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