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Noruega central, las Islas Lofoten y el principio del fin. Capítulo 3

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Relato de Gemma @gesiisthebike

 

Crónica de un viaje de ida en moto a Cabo Norte. Capítulo 3

 

Después de varios días por las montañas del sur, decidí seguir la ruta a través de la costa. A estas alturas del viaje ya había cogido varios ferrys cortos. La cantidad de fiordos que cruzas hace casi obligatorio tener que cogerlos si no quieres alargar enormemente tu ruta.

Igualmente, a medida que te acercas a la costa, la aparición de múltiples islas hace inevitable su uso. Todos estos ferrys tienen una frecuencia regular (algunos cada 15 minutos y otros cada 2 horas), pero sea como sea, basta con llegar al embarcadero y esperar a que llegue el ferry.

Los tickets se compran allí mismo y los trayectos suelen durar entre 5 y 20 minutos, con unos precios de entre 5 y 10 €. Y no hace falta ni molestarse a cambiar moneda, ya que en Noruega todo se puede pagar con tarjeta.

Durante los siguientes días recorrí la parte central de Noruega, de la que ya había sido advertida que me generaría menos interés. Supongo que es una consecuencia esperable después de los paisajes increíbles del sur.

Primero quise pasar por la turística Atlantic Ocean Road (Atlanterhavsveien) que, como mínimo, es una carretera peculiar al transcurrir por varios puentes elevados entre islotes. Sin embargo, para mí fue otro de esos casos en los que haber visto fotografías previamente le quitó sorpresa al trayecto.

Los días posteriores, también recorrí la carretera 17 (Helgelandskysten), otra de las consideradas rutas panorámicas del país. Hacerla entera implica conducir más de 400 kilómetros entre islas, a ritmo lento, y con un total de 6 ferrys así que, después de haber tenido una buena representación de esta, decidí volver a pisar terrenos interiores, sin saber muy bien hacia dónde me dirigía.

Y, simplemente por desconocimiento, finalmente me llevé la agradable sorpresa de adentrarme en una nueva carretera de montaña espectacular, donde el frío se hizo ya presente, que me llevó a cruzar el Círculo Polar Ártico. Sin dejar de ser una tontería, me gustó ver que el norte estaba cada vez más cerca (aunque aún quedaban muchísimos kilómetros…).

Circulo Polar Artico

Cruzando el Círculo Polar Ártico.

Uno de los sitios que tenía claro que quería visitar en Noruega eran las Islas Lofoten, gracias a las reseñas de varios amigos amantes de los deportes de montaña de invierno. Aunque la visita en verano no me permitiría ver esas postales con montañas completamente blancas que llegan hasta el mar, estaba segura de que no me dejarían indiferente. Y, realmente, así fue.

Esas islas están formadas por montañas espectaculares y repletas de pequeños pueblos pintorescos que te invitan a hacer una pausa cada dos por tres. Y, aunque ya estás muy al norte, normalmente tiene un clima muy agradable. Así que esos días circulé con una tranquilidad encantadora mientras disfrutaba de los paisajes.

Islas Lofoten

Mires donde mires en las islas Lofoten, los paisajes son espectaculares.

Hasta que, de repente, la moto empezó a quejarse: primero, un amago de no arrancar. Después, circulando, se encendió el piloto del ABS conforme se había desconectado y, al poco tiempo, toda la pantalla se apagó. Paré la moto para ver qué pasaba y después ya no la pude arrancar de nuevo, de modo que no me quedó otra que llamar a la grúa.

Justamente me encontraba algo más al norte de las Lofoten, en una carretera al noroeste del archipiélago de Vesterålen. Aunque este podría haber sido solo un pequeño problema en muchos otros sitios, allí, en un extremo algo alejado donde no había ningún pueblo grande, se convirtió en una pequeña aventura. 

Foto Vesteralen

Si no hay más remedio, toca esperar la grúa.

La grúa me llevó a Harstad, el único pueblo cercano con un taller de motos, tras 2 horas de trayecto y un ferry de por medio, en el que tuve también que cambiar de grúa.

Y a la mañana siguiente, me informaron que había que cambiar el regulador de la moto pero que tardarían una semana en recibirlo porque allí no trabajaban con esas motos y tenían que pedir el recambio al concesionario BMW en Tromsø.

Primer encontronazo con la realidad, la espera pintaba larga. Pero se me hacía muy raro terminar el viaje allí por la avería y cómo por suerte aún tenía muchos días de vacaciones, decidí esperar.

Así que no me quedó otra que pasar una semana de vacaciones en ese pueblo, agradable aunque demasiado tranquilo para tantos días.

Harstad

A la espera de la moto, Noruega da para hacer un retiro espiritual.

Gemma (IG: @gesiisthebike)

Cronica de un viaje de idaen moto a Cabo Norte. Capítulo 4 

 


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