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Selva Negra

Poco más que cargar la moto y salir. Capitulo 1

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Relato escrito por Gemma @gesiisthebike

 

Crónica de un viaje de ida en moto a Cabo Norte. Capítulo 1

 

El viaje a Cabo Norte suele ser una de las rutas típicas que la mayoría de personas a las que les gusta viajar en moto se plantea hacer algún día. En mi caso, he de reconocer que no era uno de mis destinos predilectos pero finalmente, tras valorar otras opciones, se convirtió en una opción perfecta de viaje para el verano. 

No hace tanto que hago viajes largos en moto. De hecho, esta ha sido tan solo mi segunda experiencia. Sin embargo, tras volver del verano anterior, en el que por primera vez cogí mi moto sola para recorrer durante un mes las montañas europeas, pasando por los Alpes hasta llegar a Rumanía y parte de los Balcanes, tuve claro que quería seguir descubriendo mundo en moto.

Me atrae especialmente la idea de visitar países distintos a lo que estoy acostumbrada y los países eurasiáticos me parecen un viaje muy atractivo. Sin embargo, pensando en el calor del verano, por esta vez decidí revalorar la opción de dirigirme al Cabo Norte. 

Alpes Suizos

Los Alpes suizos, durante el verano de 2018.

Y así fue. Un mes después de la decisión, salí de casa dirección al Nordkapp. Eso sí, con una idea muy clara: el viaje no consistía en llegar a ese mítico punto sino en disfrutar de Noruega, un país que desconocía totalmente pero del que siempre había oído a hablar muy bien y que cualquier imagen en internet no desmerecía.

De hecho, este era uno de mis mayores peros del viaje: sabiendo que mi primera opción era haber ido a visitar países con una cultura y paisajes completamente diferentes a mi entorno habitual, la idea de viajar durante varias semanas por Noruega, permanentemente rodeada de paisajes verdes, fiordos, lagos y montañas espectaculares, me producía una cierta sensación de aburrimiento. Así que para darle la vuelta a ese temor, vi muy claro que el viaje tenía que basarse en poder recorrer las carreteras de Noruega con mucha calma, parando el tiempo necesario donde me apeteciese para disfrutar realmente de esos entornos.

Salí de Barcelona rumbo al norte con la idea de llegar a Noruega sin prisa pero sin pausa, para disponer del máximo de días en esa región que desconocía.

Inevitablemente pasé por Francia, otra vez, ese país que ya he cruzado mil veces para ir a cualquier otro lado de Europa… Tras varias horas conduciendo por sus carreteras, no dejaba de pensar en la paliza que supone atravesar su eterna extensión cuando este no es tu objetivo final. Hasta que, de repente, pasé por un pueblo llamado Lapalisse. La tontería de una mala traducción absurda me hizo suficiente gracia como para merecer ser el sitio donde pasar la primera noche del viaje. 

Lapalisse

Momentos absurdos en rutas largas, en Lapalisse, Francia. 

Y después de Francia tocó Alemania, donde me entretuve un poco pasando por la Selva Negra, y posteriormente continué a ritmo ligero pero evitando hacer jornadas interminables.

Me gusta conducir la moto pero sobre todo me gusta disfrutar del trayecto, así que no me compensa hacer grandes tiradas por autopistas aburridas. Como siempre, encontré la manera de disfrutar de carreteras secundarias a la vez que en algunos tramos tomé vías rápidas para obviar las zonas urbanas. 

Selva Negra

Pequeño de

scanso en la Selva Negra, Alemania.

En cuatro días me planté a Dinamarca, donde hice una parada para visitar a mi hermano. Hasta allí, la ruta en sí no tenía mucho más que poder avanzar hasta el país de destino.

Francia, Alemania y Dinamarca son países con poca orografía, de modo que ya contaba con la ausencia de paisajes remarcables, sin desmerecer, eso sí, los encantos particulares de cada uno.

Especialmente Dinamarca es un país prácticamente plano en su totalidad y esto hace que la mayoría de sus carreteras sean rectas interminables. Es tan notable que cuando hay una pequeña curva (que habitualmente pasaría desapercibida), la indican con una señal, por si te hubieses olvidado de que existen… Eso sí, tiende a hacer mucho viento y si, además, te coge en un día con tormenta y granizo, la conducción se vuelve algo más complicada.

Allí fue cuando empecé a temer por el mal tiempo del norte de Europa, sin saber aún lo que el viaje me regalaría más tarde.

Dinamarca

Tras el chaparrón, en Dinamarca. 

Tras un par de noches en familia, cogí el ferry desde Hirtshals (Dinamarca) hasta Kristiansand (Noruega), llegando al puerto a medianoche.

Por el presupuesto que tengo pero sobre todo porque me gusta el aire libre, no me alojo en hoteles. Además, acababa de entrar en un país extremadamente caro.

Es verdad que en los países escandinavos existe una ley que permite la acampada libre pero, habiendo llegado de noche y sin tener ninguna referencia de la zona, decidí dirigirme directamente al camping de la ciudad a pasar la noche, donde la vigilante del turno me hizo el enorme favor de dejarme entrar con la moto a esas horas, normalmente prohibido. Eso sí, la noche me salió por 27 €.

Sigue siendo mucho más barato que ir de hotel pero absolutamente desproporcionado para mi bolsillo. Entonces era tarde y no veía mucha más opción, así que decidí descansar bien y dejar para otro momento la gestión del presupuesto. Normalmente, por la mañana todo se ve más claro.

Gemma (IG: @gesiisthebike )

Siguiente relato: Capítulo 2

 

 

 

 


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