Loader
Estanbul. La mezquita azuk

Viaje en moto desde Canarias a Turquia. Capítulo 4

Oops...
Slider with alias none not found.

Relato de Edinson Santana

CAPITULO 4

De Sofía (Bulgaria) a Estambul (Turquía).

Amanece nublado en las afueras de Sofía, despertador a las 7:00 de la mañana para estar en la moto listos para rodar a las 8:00 am.

Hemos tomado la decisión un poco arriesgada de visitar el centro de Sofía antes de partir hacia Estambul, y me refiero arriesgada simplemente por el hecho del tiempo que invirtamos en Sofía antes de emprender una ruta que desconocemos y lo que nos pueda llevar el paso de frontera con Turquía.

Pero como la aventura es la aventura y no tenemos nada reservado, pues dejaremos que las cosas vayan ocurriendo como tengan que ser.

Fue una decisión acertada ya que Sofía es una ciudad encantadora, por momentos, daba esa sensación de ciudades señoriales como Viena. Calles anchas, edificios impresionantes y muy bien conservados, todo muy limpio y ordenado.

Nos costó un poco aparcas las motos (aunque parezca mentira) porque no encontramos ningún parking destinado a ellas. Había varias calles cerradas que posteriormente entendimos que había algún acto oficial o visita importante en la ciudad.

Señora de Santana en Sofía

Endinson Santana con su moto en las calles de Sofía

Endinson Santana en Sofía

[vc_separator type='transparent' position='center' color='' thickness='2' up='' down='']

Endinson Santana y señora en Sofía
Cartel de Sofía capital de Bulgaria

Tras dar varias vueltas, decidimos aparcar sobre la acera junto a otras que allí se encontraban utilizando la máxima de “allá donde fueres, haz lo que vieres…” (o algo así).

Desayunamos en lo que parecía una franquicia de panaderías / bollerías, muy moderna, pero fue el único sitio en el viaje donde sentimos que el trato dejaba bastante que desear.

Visitamos las ruinas romanas de Serdica, que se encuentran junto a la estación de metro del mismo nombre.

Reinas romanas de Serdica

[vc_separator type='transparent' position='center' color='' thickness='2' up='' down='']

Callejeamos un poquito por el centro, y de camino a recoger las motos, nos encontramos un desfile militar como protocolo de bienvenida o agasajo a alguna personalidad de relevancia. Quizás por eso nos había costado un poco aparcar nuestras monturas.

Revista de tropas

Y tras llevarnos un muy buen sabor de boca de esta ciudad, retomamos camino hacia Turquía, con la convicción de que Sofía se merece regresar a visitarla con más tiempo.

Tenemos por delante casi 600 kms y un paso de frontera que nos causa incertidumbre.

El recorrido va cambiando continuamente, de montañas bajas y redondeadas, forradas de prados verdes, a espacios más secos semejantes a las amplias zonas rurales de Castilla La Mancha en pleno verano.

carreteras de Turquia

Casi sin darnos cuenta, quizás por la expectativa de que se nos iba a hacer más largo, llegamos a la frontera con Turquía. Una cola importante de vehículos esperando pasar al otro lado, nos vaticinaba que el proceso iba a ser lento. Más de 40º bajo un sol que caía a plomo hizo que nos empapáramos de sudor y que la espera si nos hiciese infernal.

Turquia

Una vez bajo los techos (que ya podías ser más largos), el proceso tampoco tenía tanto de extraordinario… 3 controles, en el primero nos solicitaban la documentación personal (pasaportes y visado), en el segundo la documentación de la moto (permiso de circulación y carta verde del seguro) y un par de preguntas sobre el año de la moto.

Por último, sería el control de aduanas donde nos preguntaban lo que entendíamos querían decir si teníamos algo que declarar y nos hicieron abrir todas las maletas y revisarla. Todo ello nos llevó un rato pero sin ningún problema (menos mal que decidí no llevar el Drone).

Duana con Truurquia

Duana con Turquia desde mi casco de moto

Por fín, estamos en Turquía.

Nada más pasar la frontera, nos paramos en la primera gasolinera que encontramos, ya percibimos que el ambiente ha cambiado por completo. Ninguna mujer en el bar/restaurante, mesas y sillas sucias, etc. (una primera impresión que luego cambiaría por completo).

Continuamos viaje por una autopista en perfecto estado de conservación y llegamos a Estambul sin mayor incidencia.

Entrabamos a Estambul por una autopista importante en tamaño y volumen de tráfico. El tapón de vehículos se incrementaba más y más a medida que nos acercábamos al centro. Según el navegador, aún nos encontrábamos a 35kms de nuestro hotel, cosa que nos pareció sorprendente y nos daba una idea del tamaño descomunal de esta gran ciudad.

Tráfico por las callesde Estanbul

Ya en la zona de Sultanahmet, volvimos a sentir esa extraña pero agradable sensación de que no estábamos en Europa, que estábamos en un lugar muy diferente y sorprendente. Callejeamos con nuestras motos por un laberinto de calles donde el comercio era abrumador y efervescente, cajas y cajas de cartón con la más variada cantidad de mercancías que te puedas imaginar, restaurantes, puestos de comida ambulantes, etc., alucinante.

Por fin y caso sin esperarlo, estábamos en la puerta del “Hotel”, un edificio muy muy antiguo de madera, con las ventanitas pequeñitas como si una película en blanco y negro se tratase.

Tras el check-in con el atento recepcionista, descargamos el equipaje, ducha y salimos a cenar y dar una vuelta para ver los alrededores de noche.

Estanbul. La mezquita azuk

La mezquita azul

Pudimos ver algún bazar cerrado con rejas, la mezquita azul y Agia Sofía con su iluminación nocturna que llena de magia todo el entorno. La cena, como no podía ser de otra forma, kebabs y a descansar que al día siguiente nos esperaba una jornada llena de emociones.

Endinson Santana delante de la mezquita azul

Y en la próxima entrega…

Capítulo 5 –Estambul

En el próximo artículo, dedicamos la jornada entera a visitar Estambul.

¿Me acompañas?

VIDEO DEL CAPÍTULO

Edinson Santana

www.mis2ruedas.com

 


2moteros
mesmoto.com@gmail.com

Apasionados de las motos y los viajes



Català CA English EN Français FR Deutsch DE Español ES